PRENSA Y CONTRATACIÓN

  EL GRAN SECRETO DE "EL CLUB DEL AGUANTE"
 
 
     El público en pie no paraba de aplaudir en aquella pequeña sala. Las melodías, las letras, el carisma, la personalidad y la música, con su folk-country, su rock fronterizo, sus corridos y su canción de autor, nos traspasó como un susurro afilado que, en otra frecuencia, impregnó sin piedad nuestra alma.
    Me quedé rezagado mientras la complacida concurrencia abandonaba el local porque aquella vieja maleta de cuero marrón sobre el escenario con "El Club del Aguante", nombre del grupo, incrustado, me había obnubilado en un momento de la embriagadora actuación. No podía creer lo que veía pero, de la estrecha rendija para su apertura, entre hebillas y correas, pude vislumbrar un curioso halo de luz roja que latía acompasadamente como si un refulgente corazón habitase dentro. 
   Nadie, salvo yo, se percató de aquella extraña señal luminosa y, aprovechando que Michi Mapache y Pedro Higueras Dakota, los dos miembros de "El Club del Aguante", recogían sus enseres, me situé disimulada y sigilosamente tras ellos y, cuando abrieron aquella misteriosa maleta, la ví.
   Sí, yo también pensaba que era una absurda leyenda, un cuento para niños, un alarde de imaginación... hasta que la ví.
    Dicen que la Púa de Cristal en realidad es una escama de la cola de Parténope. Ella era la sirena más vanidosa y, por este motivo, fue la elegida para ser sacrificada como castigo cuando Ulises, alertado por la diosa Circe, tapó con cera los oídos de sus marineros antes de atarse al mástil central para no sucumbir al irresistible dulce canto de aquellas ninfas marinas y, así, continuar su viaje camino a Itaca. Por eso, la Púa de Cristal confiere a todo aquel que la posea el gran poder de que sus composiciones musicales enamoren a todos. Sin embargo, como sabéis, toda magia tiene su maleficio y un uso egoísta de la Púa puede resultar mortal. Algunos se atreven a afirmar que Mozart la encontró siendo tan solo un niño y cuando, pasado el tiempo, su vanidad creció y él mismo se consideraba más importante que su música, el maestro italiano Salieri lo envenenó. Éste la buscó concienzudamente pero fue imposible encontrarla porque cuando Mozart, como la bella Parténope, fue sacrificado, ya no la tenía. La Púa de Cristal llevaba unos meses en manos de un joven alemán llamado Beethoven que, aunque fue más austero y menos vanidoso, cuando surgió un inevitable egocentrismo debido al inmenso nivel de sus creaciones, se le castigó con la sordera para que no pudiera sentir plenamente sus obras. A Beethoven, por lo tanto, le dio más tiempo a ocultar con celo y desvelo la Púa de Cristal de la que no se volvieron a tener más pistas hasta que trascurrieron 125 años y Elvis Presley fue nombrado rey del rock gracias a ella. No obstante, el Rey siempre se arrepentiría de haber invitado a su casa de Beverly Hills a los Beatles en agosto de 1965. Ese año se fraguó el declive de un Elvis que, balada tras balada, no consiguió volver a ser el mismo y, también ese año, Los Beatles comenzaron a ser tan conocidos que alguien en el Vaticano dijo que lo eran más que Jesucristo. Se cree que, aprovechando una borrachera de el Rey del rock, aquel agosto del 65, Lennon consiguió robarle la Púa de Cristal a Elvis. Éste, cuando se dio cuenta, intentó perjudicar a Lennon y, gracias a sus contactos con el gobierno de Nixon, daba chivatazos a Edgar Hoover, jefe del FBI, sobre las actividades políticas que el Beatle desempeñaba. Pero Elvis solo consiguió que le negaran a Lennon el visado estadounidense durante unos meses y, pasado un tiempo, el maleficio de la púa se cumplió con los dos astros que terminaron su vida fatídicamente. Cuando aún no se había cumplido un año del asesinato de Lennon, Paul McCartney y Michael Jackson decidieron grabar juntos una canción. Paul nunca supo del poder de aquella extraña púa que Lennon guardaba pero Michael, que luego se casaría con la hija de Elvis, siempre tuvo contacto con la familia del Rey del Rock y era obvio que sí lo sabía. Jackson, como siempre temeroso, adquirió además los derechos de autor de los Beatles por si la Púa no funcionaba con él. Pero sí, funcionó y muy bien. Al poco tiempo fue proclamado Rey del Pop y, a partir de este punto, ya no se sabe muy bien el camino que la Púa siguió. Hablan de Queen, después de Nirvana y, tal vez, un breve espacio de tiempo con Amy Winehouse. En todos los casos, por egolatría o vanidad, como con la sirena Parténope, el maleficio de la púa de cristal se cumplió cruelmente. 
   Pero ahora... Ahora todo es diferente y tras siglos de crecientes egos, de sucias ambiciones, de súbitas desgracias o de muertes tempranas ocasionadas por el influjo de la Púa de Cristal, ahora, después de verla con mis propios ojos, sé que todo ha cambiado, sé que no habrá un triste final a causa de la enigmática Púa porque, ahora, la posee un dúo al que le importa más su música que su talento, al que le importa mucho más su público que su ego. Michi Mapache y Pedro Higueras Dakota se mueven por pequeñas salas enamorando a todo el personal pero siempre con humildad y con generosidad. Son conscientes de la gran responsabilidad que tiene el ser los portadores del poder mágico de crear canciones con gran talento, de llegarnos al alma, de hacernos soñar, de compartir el fuego que solo tienen los genios.
    Hoy, quién lo diría, por fin podemos estar tranquilos y felices porque la poderosa Púa de Cristal está siendo custodiada por "El Club del Aguante".

Valle - Redactor de Buscamusica.es (Junio 2018)
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